Como una leyenda urbana, como una historia de secundaria o como película porno, en una ciudad llena de edificios, buscábamos un lugar obscuro, apartado, donde pudiéramos estar solos. Finalmente, después de pensar que un arbusto era mala opción, mi mente se iluminó y se lo propuse “en la azotea del edificio”. Subimos. La emoción daba más sensibilidad a cualquier cosa que fuera a pasar. No había luz, sólo lo que alcanzaba a darnos la luna. Frente a nosotros una barda de ladrillos, atrás una reja de alambre, atrapados en máximo El sexo puede ser de muchas formas; esa vez sometí. Tuvo la duración acostumbrada, como entre 30 – 40 minutos. Lo hicimos de varias formas, cambiamos posiciones, me impregné de su olor, de su sudor, de su rimel y de otras cosas. De pronto, cuando nuestros cuerpos emanaban más calor, unas gotas de lluvia atípicas en octubre nos mojaron, y el agua pareció evaporarse combinándose con todo lo que allí ocurría. El final llegó con su grito y mi violenta excitación, caímos recargados, yo en la reja de alambre y ella en la pared de ladrillos, viéndonos directo a los ojos, de pronto me reí y ella también. Nos separamos con un beso leve, mirando a nuestro alrededor, cómplices, felices y satisfechos de ser infieles una vez mas.
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3 Comentarios:
setso en el otso en etseso.
jajajaja
Dios los vio y les hecho agua fria
jajajajajaja
lo mejor de todo, es no tener miedo y aventarse al ruedo en esas experiencias... vientos!!! Salu2
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